Por Arturo Gutiérrez
Ciudad de México, 17 de marzo de 2026.— Viajar en el Sistema de Transporte Colectivo Metro se ha convertido en una ruleta diaria de retrasos, fallas y saturación. Para la diputada Liz Salgado, la situación ya no es un problema operativo: es una crisis estructural que el Gobierno de la Ciudad se niega a enfrentar.
Durante 2025 y lo que va de 2026, los usuarios han documentado un patrón constante: convoyes detenidos, avance lento y esperas interminables, especialmente en horas pico. Las líneas más utilizadas están al límite, mientras la autoridad responde tarde, mal y sólo cuando el sistema colapsa.
El caso de la Línea 3 en febrero fue emblemático: trenes parados más de 20 minutos y estaciones colapsadas. Pero no es excepción, es rutina. La Línea A acumula suspensiones por fallas eléctricas e inundaciones, dejando varados a miles que viajan entre el Estado de México y la capital.
Y aunque el discurso oficial presume inversiones, la realidad golpea: infraestructura deteriorada, mantenimiento insuficiente y servicios básicos inoperantes dentro de estaciones.
Salgado lanzó una crítica frontal: el Metro no puede seguir operando como “bomberazo permanente”. Sin mantenimiento preventivo ni estrategia de largo plazo, el sistema se acerca peligrosamente a un punto de quiebre.
La contradicción es brutal: mientras el gobierno presume obras y prepara la ciudad para el Mundial, el transporte más importante de la capital se desmorona ante los ojos de todos.
La advertencia está hecha. La pregunta es si alguien en el poder piensa actuar antes de que el colapso deje de ser cotidiano… y se vuelva irreversible.







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