Por Arturo Gutiérrez
Ciudad de México, a 19 de marzo del 2026.- A poco más de tres meses de recibir partidos de la Copa Mundial de la FIFA 2026, la Ciudad de México enfrenta una realidad incómoda: improvisación, retrasos y falta de coordinación.
El Congreso local dejó prácticamente abandonada durante un año la Comisión encargada de supervisar los preparativos del Mundial. Ni diagnósticos, ni estrategias, ni resultados. Nada.
El vacío terminó tras la licencia del legislador Fernando Zárate, lo que obligó a Jesús Sesma a asumir el mando y encender las alarmas.
Su diagnóstico es contundente: no hay información suficiente, no hay claridad institucional y no hay garantías de que la ciudad esté preparada.
Por ello, anunció que citará de inmediato a Semovi y a la SSC para exigir detalles sobre movilidad y seguridad, dos de los puntos más críticos rumbo al evento internacional.
Y es que los riesgos son evidentes: caos vial permanente, más de 400 muertes anuales por accidentes de tránsito, drenaje al límite ante lluvias y una ciudad que ya resiente el impacto económico del turismo anticipado.
Pero el problema no es solo técnico, también político. Sesma advirtió sobre posibles excesos: decisiones que podrían favorecer a grandes intereses empresariales en detrimento de la ciudadanía, bajo el argumento de cumplir con las exigencias del Mundial.
La Ciudad de México tiene una vitrina global única. Pero si no hay planeación, coordinación y transparencia, el Mundial podría convertirse en un escaparate… del desorden.
El reloj avanza. Y el mundo ya está mirando.





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