Por Arturo Gutiérrez
Ciudad de México, 2026.
En medio de una crisis de credibilidad, el PAN capitalino enfrenta nuevas acusaciones: uso de recursos públicos, movilización forzada y entrega de dádivas para inflar eventos partidistas.
El diputado Paulo García denunció que el partido blanquiazul no solo atraviesa un desgaste político, sino que además recurre a prácticas que históricamente criticó, como copiar el método de selección de candidatos impulsado por Morena.
Pero el señalamiento más grave apunta a la operación territorial:
según el legislador, desde la Alcaldía Coyoacán se habrían movilizado funcionarios y recursos para llenar un evento en la Alameda del Sur, incluyendo la entrega de televisiones y laptops como incentivo.
“Echaron toda la carne al asador… pero con dinero que no es suyo”, acusó.
Además, se reportó el uso de vehículos oficiales con distintivos de grupos políticos, lo que abre una pregunta incómoda:
👉 ¿quién financió realmente el evento?
Morena ya solicitó a la Contraloría una investigación formal ante lo que consideran un posible desvío de recursos públicos con fines electorales.
En paralelo, la bancada oficialista respaldó el llamado “Plan B” de la presidenta Claudia Sheinbaum, que plantea recortes al presupuesto de los Congresos, defendiendo una narrativa de austeridad frente al derroche.
“La política no debe ser negocio”, sostuvo García, al asegurar que su movimiento ha demostrado que se puede gobernar con menos recursos.
Sin embargo, el contraste es brutal:
mientras Morena promueve recortes, acusa al PAN de gastar en propaganda, dádivas y simulación política.
El debate ya no es menor.
Se trata de una disputa directa por el control del relato público:
👉 austeridad contra clientelismo.
Y en medio de todo, la ciudadanía vuelve a quedar atrapada entre acusaciones, escándalos y una pregunta que no desaparece:
¿quién está usando el poder para servir… y quién para servirse?







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