Por Dana Rodríguez
CDMX, 10 mayo 2026.- El Congreso de la Ciudad de México atraviesa una de sus peores etapas de ineficiencia legislativa. Con casi 1,800 dictámenes acumulados en comisiones, los coordinadores parlamentarios tuvieron que sentarse con la Jefa de Gobierno, Clara Brugada Molina, para buscar una salida a un rezago que ya se convirtió en escándalo político.
La reunión, presumida por el diputado morenista Alejandro Carbajal como un ejercicio de “diálogo y reconocimiento”, en realidad terminó confirmando lo que desde hace meses se comenta dentro y fuera de Donceles: las bancadas no logran ponerse de acuerdo y el trabajo legislativo está prácticamente empantanado.
La cifra es demoledora. Mil ochocientos dictámenes detenidos significan reformas atoradas, iniciativas sin discusión y problemas ciudadanos esperando solución mientras diputados y coordinadores privilegian las negociaciones políticas antes que la productividad parlamentaria.
El discurso oficial habla de “consensos”, pero la realidad refleja fracturas internas, cálculos electorales y una operación política debilitada incluso dentro de Morena. La necesidad de que Clara Brugada intervenga directamente para pedir “responsabilidad” rumbo al proceso electoral deja ver que el Congreso capitalino perdió capacidad de conducción propia.
En los pasillos legislativos crece la percepción de que muchas iniciativas quedarán archivadas hasta después de las elecciones, mientras las fuerzas políticas concentran sus energías en posicionarse rumbo a 2027. El costo lo pagan los ciudadanos, que observan un Congreso atrapado en disputas internas y sin resultados concretos.
La imagen de “buen ánimo” con la que concluyó el encuentro contrasta con los hechos: un Poder Legislativo lento, dividido y rebasado por sus propios pendientes. Porque si después de casi dos mil dictámenes congelados todavía se sigue hablando de “destrabar” acuerdos, el verdadero problema ya no es técnico, sino político.







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